Salamanca: seis cruces de cal, miedo y luto enmantan Barrón tras masacre.

Seis cruces de cal cubren la sangre de las 6 víctimas mortales de la Masacre en Barrón de Salamanca. Cada una evidencia el luto y el miedo de las familias que, encerradas, esperan la llegada de los cuerpos de sus seres queridos.

Un día después que el ataque armado cobrara la vida de Juana, de 65 años; Estefanía, de 17; Pamela Rubí, de 17; Eleuterio, de 17; José Guadalupe, de 18; y Guadalupe, de 17. De ellas sólo la madre de Estefanía pudo hablar, aún frente al dolor y temor por represalias.

La señora Dolores cuenta que su hija venía de la prepa y se detuvo a platicar con sus amigos, cuando hombres armados les dispararon.

“Habían bajado y estaban por llegan a la casa, pero se detuvieron en la esquina a platicar como siempre. Ahí llegaron hombres armados y les dispararon parejo, de nada les dieron tiempo”.

Su hija junto con sus compañeros y la señora perdieron la vida casi al momento, sin que les dieran tiempo de nada.

Estefania tenía 17 años de edad y era la mayor de las hermanas. Ella, junto con su madre, trabajaban en el campo para sostener a su familia, dado que su papá tiene una discapacidad. Pero ella se daba tiempo para seguir estudiando y colaborar en las labores del hogar.

Tras masacre en Barrón de Salamanca, sociedad se paraliza

Hoy la familia de Estefania está de luto, igual que las más de las casi 700 familias que habitan en la comunidad y que tienen temor ante la inseguridad de la zona y de Salamanca.

Así lo contó Juan Ignacio Enriquez, residente de la zona, quien recordó que durante el ataque escucharon muchos balazos: “se paralizó todo, la gente de encerró”. Tras lo ocurrido, incluso las madres de familia decidieron que no habría clases.

“Y no las habrá hasta que esto se acabe, prefiero tener a mi hijo encerrado que muerto”, dijo una madre de familia. Así, aprovecharon para exigir seguridad: “tenemos miedo que vuelvan. No vamos a poder velar a nuestra gente porque andan diciendo que van a volver y balear a los que estemos en los velorios”.

Hoy las polvosas calles de Barrón lucen solas. Los niños están encerrados en las casas, algunas mujeres salen con rebozo en cabeza, van y rezan en el templo en honor a Santiago Apóstol. Se hincan y piden para que regrese la paz a su comunidad que se ubica a 30 kilómetros al norte de la cabecera municipal.

Información. Periódico Correo.

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