Emmanuel Macron busca abolir la pena de muerte a Nivel Mundial; se espera que tenga poco éxito.

Tras un sorbo de ron y un par de cigarros, un joven de 28 años se enfrentó a la guillotina. Era 1977 y Francia realizaba su última pena de muerte por asesinato tras tortura y violencia con premeditación.

Se trataba de Hamida Djandoubi, quien fue condenado a muerte durante el gobierno de Valery Giscard d ́Estaing luego de asesinar a su primera novia meses después de prostituirla, y golpear y violentar a una segunda mujer.

Cuarenta y cuatro años después de ese caso, el hecho sigue siendo icónico y representativo para toda Francia, pues confirma el fin de una era, de una actividad que, aunque ellos la dejaron atrás desde 1981, se sigue implementando en otras partes del mundo.

De acuerdo con el Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores, a la fecha aún hay 55 Estados que llevan a cabo ejecuciones, siendo China, Irán, Egipto, Irak y Arabia Saudí los cinco países que, según Amnistía Internacional, más penas de muerte realizaron durante todo 2020.

Al tener en cuenta ese escenario, el presidente francés, Emmanuel Macron, se puso una meta a futuro: erradicar ese castigo a nivel mundial para que más naciones se sumen a la lista de los 144 que ya la han abolido en la ley o en la práctica.

Para lograr ese objetivo, el político francés enfatizó que organizará un encuentro con la sociedad civil de los países que aún implementan la pena de muerte para convencer a sus dirigentes de la importancia y urgencia de abolirla.

Esa reunión se llevará a cabo el año entrante en el marco del encuentro semestral de la Unión Europea, y en la que el presidente espera tener buenos resultados debido al poco tiempo que le queda como jefe de Estado.

Sin embargo, es Ana Luisa Trujillo, académica de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, quien opina que es muy complicado cumplir ese propósito, dado que todos los Estados tienen el derecho de aprobar o revocar las leyes que implementan.

Además, resalta que el reto se centra en que, aunque los derechos humanos se consideran universales, tienen ciertos matices de apreciación dependiendo del país del que se esté hablando.

“Por ejemplo, hay cuestiones de África y en la parte de Asia, en Medio Oriente, que no son consideradas violaciones a los derechos humanos y en el resto de Occidente sí. Entonces, quizá el mayor reto será tratar de unificar la opinión mundial sobre el derecho a la vida o el castigo que se debe imponer a un delito para que no sea pagado con la muerte”, apunta.

Así también, es el maestro Ricardo Orozco, docente de la carrera de Relaciones Internacionales del Sistema Universidad Abierta y Educación a Distancia (SUAyED) de la FES Aragón, quien coincide en que, aunque la misión de Macron será difícil de cumplir, podría servir como un catalizador para volver a poner el tema sobre la mesa.

En entrevista, Orozco sostiene que la reunión puede generar una campaña más bien de debate para que la opinión pública se centre en hacer presión a nivel internacional, y en algún futuro se refleje un cambio.

“Me parece que esa es la única función que le puede dar a esta campaña, pero va a ser difícil, porque también se encuentran casos paradigmáticos como Estados Unidos, China e Irán, donde las penas de muerte avanzan a cuentagotas”, dice el también integrante del Grupo de Trabajo sobre Geopolítica, Integración Regional y Sistema Mundial del CLACSO.

El interés de Macron por la pena de muerte

Pero a pesar de las pocas posibilidades que tiene el presidente francés para abolir la pena de muerte a nivel mundial, se prevé que el mandatario siga luchando por un cambio con un propósito detrás: atraer a los electores.

En 2022, los franceses serán llamados a las urnas para elegir a su próximo representante y, para la óptica de Macron, al tener a un candidato que esté a favor de erradicar uno de los castigos más severos a nivel mundial, esa podría ser una gran atracción para votarlo.

“Sabemos que Macron va a tener una participación en las elecciones que vienen, así que creo que va por ahí el tema de volver a tocar este asunto y ponerlo en el centro de la agenda internacional”, dice la catedrática Ana Luisa Trujillo.

Por su parte, Orozco añade que otro de los propósitos de Macron al abolir la pena de muerte es debilitar la idea que se ha tenido en Francia de regresar a este tipo de castigos, el cual ha sido impulsado principalmente por los Chalecos Amarillos.

Según el grupo opositor, la pena de muerte también debería ser implementada a los presidentes, algo que Macron ha rechazado rotundamente.

“Protestar y pedir la dimisión del jefe de Estado está bien y corresponde a un comportamiento tradicional de crítica. Por el contrario, pedir la guillotina para un dirigente político es algo inaceptable”, llegó a declarar.

En ese sentido, se cree que, aunque no se logre un avance en la eliminación mundial de esta actividad y Emmanuel Macron no sea elegido presidente, éste siga detrás de esa lucha para un día convertirla en una realidad.

Información. Reporte Indigo.

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