Un relator de la ONU advirtió que crece la hambruna en Corea del Norte y criticó la “apatía mundial” ante las violaciones a los derechos humanos.

El empeoramiento de la situación humanitaria podría convertirse en una crisis y coincide con una “apatía progresiva” mundial sobre la situación del pueblo de Corea del Norte, expreso Tomas Ojea Quintana, relator especial de la ONU sobre los derechos humanos en la República Popular Democrática de Corea.

“Las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU hacia Corea del Norte deben revisarse y suavizarse cuando sea necesario tanto para facilitar la asistencia humanitaria y para salvar vidas como para permitir el incentivo del derecho a un nivel de vida adecuado para los ciudadanos comunes” dijo en un informe final a al ONU, que será presentado el 22 de octubre frente a la Asamblea General.

De todas maneras, Corea del Norte no reconoce el mandato de Ojea Quintana, lo que lleva a una no cooperación y su misión desde Ginebra, en la cual no obtuvo respuesta de inmediato tras enviar una solicitud de comentarios, y el gobierno de Pyongyang decidió no aceptar preguntas de los medios extranjeros.

El líder Kim Jong Un dijo en junio que la situación alimentaria era “comprometedora” debido a los desastres naturales del año pasado y reconoció que los ciudadanos habían enfrentado sacrificios durante la pandemia. En abril, funcionarios norcoreanos calificaron un informe de la ONU sobre desnutrición infantil como una “pura mentira”.

Corea del Norte no ha informado de ningún caso de COVID-19 y ha impuesto estrictas medidas para combatir el virus, que incluyen cierres de fronteras y restricciones a los viajes nacionales. Esto llevo a la perdida de actividades comerciales para muchos norcoreanos que dependen de la frontera con China, y esto ha llevado a una perdida de sus ingresos, y se ha visto agravado por el impacto de las sanciones, dijo Ojea Quintana.

“El acceso de las personas a los alimentos es una preocupación seria y los niños y ancianos más vulnerables corren el riesgo de morir de hambre”, dijo, y agregó que los norcoreanos “no deberían tener que elegir entre el miedo al hambre y el miedo al COVID-19″.

“Los medicamentos esenciales y los suministros médicos se encuentran en escasez y los precios se han multiplicado debido a que los productos dejaron de llegar desde China, y las organizaciones humanitarias no han podido ingresar medicamentos y otros suministros”.

La mayoría de los diplomáticos y trabajadores humanitarios han abandonado Corea del Norte en medio de estrictas restricciones de viaje y una escasez de bienes esenciales e instalaciones de salud, dijo Ojea Quintana.

El progreso en la vacunación, salud de mujeres y niños y agua y saneamiento esta desapareciendo, declaro el relator de la ONU. “El empeoramiento de la situación humanitaria actual podría convertirse en una crisis y debe poder evitarse”, dijo.

Asimismo expresó su preocupación de que los crecientes desafíos para obtener información estaban “conduciendo a una creciente apatía en la atención mundial al empeoramiento de la situación de los derechos humanos allí”.

Ojea Quintana pidió aliviar la tensión militar en la península dividida e instó a Estados Unidos y Corea del Sur a “enviar señales claras” para reactivar la diplomacia destinada a asegurar la desnuclearización de Corea del Norte. En las últimas semanas, el régimen de Kim Jong-un llevó a cabo una serie de pruebas de armas que incluyen misiles balísticos y un misil de crucero con potencial nuclear.

El funcionario recibió con satisfacción el compromiso del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, en mayo pasado de trabajar para mejorar la situación de los derechos en Corea del Norte.

“En cualquier posible negociación de paz, la República de Corea y los Estados Unidos de América deben asegurar compromisos con puntos de referencia medibles, para lograr un proceso significativo de participación en los derechos humanos”, dijo.

Los norcoreanos siguen detenidos en campos de prisioneros políticos, junto con sus familias, mientras que algunos han sido liberados de los centros de capacitación laboral debido a la falta de alimentos y trabajo, explicó. Los campamentos, conocidos como kwanliso, cuya existencia es negada por el estado, pueden calificarse como constitutivos de crímenes de lesa humanidad, dijo.

Información. Infaboe.

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