Afganos recibirán refugio en al menos 13 países; estos son sus retos.

La vida de una persona puede cambiar en cualquier minuto, y eso lo saben perfecto las y los afganos, quienes en la última semana no han dejado de luchar por su bienestar.

Con el regreso del Talibán a Afganistán, la gente que reside en ese territorio ha intentado escapar de su país por el temor de que los insurgentes violen sus derechos humanos, tal y como lo hicieron en los años 90 durante su mandato.

Sin embargo, al conocer ese panorama, ha sido la comunidad internacional la que los ha ayudado evacuándolos de su nación para después enviarlos a un país en el que, al menos temporalmente, les puedan dar refugio.

De acuerdo con Ned Price, portavoz del Departamento de Estado de la Unión Americana, al menos hasta el 20 de agosto pasado habían sacado de Afganistán a un aproximado de 13 mil personas en aviones militares estadounidenses y reubicado a más de 18 mil desde finales de julio.

“Estamos enfocados en sacar de manera segura a la mayor cantidad de personas de Afganistán lo más rápido posible (…) En los últimos días, hemos movilizado un esfuerzo global a través de canales diplomáticos para evacuar a ciudadanos estadounidenses, personal de países socios y, por supuesto, afganos en riesgo de Kabul”, anunció.

Entre los países que han colaborado con Estados Unidos y aceptado darle refugio a cientos de personas están al menos 13, como Albania, Canadá, Macedonia del Norte, Chile, Uganda, Colombia y México.

Estos Estados velarán por los derechos humanos de los evacuados mientras esperan que el gobierno del presidente Joe Biden pueda tramitar sus papeles para llevarlos a su territorio. Por lo pronto, deberán enfrentar algunos de los retos que conlleva un acto humanitario como este.

El maestro Juan Manuel Aguilar Antonio, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, destaca que entre esos desafíos está el cómo distribuirán a las personas refugiadas y quién estará al tanto de su recibimiento.

“México, por ejemplo, que no tiene una Embajada en ese país, deberá analizar quién va a ser la persona que los va a apoyar y cómo va a ser la colaboración con otras naciones que también aceptaron recibir a estos refugiados. Además, deberán solucionar la parte de la validación de sus visas e impulsar campañas de alfabetización, a través de las cuales estas personas puedan integrase a otra sociedad de una manera más ventajosa”, comparte.

Por su parte, es el doctor Moisés Garduño, integrante del Programa Universitario de Estudios sobre Asia y África (PUEAA) de la UNAM, quien agrega que entre otros de los retos que deben afrontar es calcular su presupuesto para ayuda humanitaria, a través del cual atiendan a los refugiados con supervisión médica y psicológica, y protegerlos ante la pandemia por coronavirus con la aplicación de sus respectivas dosis.

Pero no sólo se deben contemplar los desafíos que estos países tienen a futuro, sino los de los refugiados, quienes al mudarse a otro lugar podrían lidiar no sólo con el idioma, sino con el racismo de una sociedad completamente diferente a la suya.

“Yo por ejemplo tuve la oportunidad de vivir en Irán varios años (el segundo país después de Pakistán que más afganos recibió en 2020) y pude ser testigo del racismo que hay por parte de algún sector de la sociedad iraní con respecto a los afganos que trabajaban en el sector de la construcción o que vendían cosas en las carreteras cercanas al sur. Era una situación muy triste”, declara el doctor.

En ese sentido, se espera que los 13 Estados, más los que puedan integrarse a colaborar, no dejen de vigilar la seguridad social y sanitaria de los refugiados durante el tiempo que dure su estadía; de lo contrario, podrían llegar incluso a agravar su imagen política internacional.

Ayuda a los afganos que se quedan

A pesar de que miles de afganos han recibido el apoyo de la comunidad internacional al evacuarlos de su país, aún quedan otras personas al interior de Afganistán quienes podrían corren peligro debido a los insurgentes.

Y aunque el portavoz de este grupo ha remarcado continuamente que la seguridad de los afganos estará intacta, son altas las posibilidades de que esa promesa no se cumpla a largo plazo.

Ante esa urgencia, el doctor Moisés Garduño señala que lo mejor que puede hacer la comunidad internacional, específicamente Estados Unidos, para proteger a las y los afganos, es descongelar las sumas de dinero que se tienen destinadas para el país.

“Lo primero que se tiene que hacer para pensar en las personas que están ahí adentro es dejar que los recursos a nivel internacional sigan estando abiertos, porque al nombrar por parte de los Talibán a un nuevo representante del Banco Central afgano eso quiere decir que están mandando señales de que para garantizar el orden político y social, es importante seguir contando con ayuda humanitaria y acceso a recursos”, asume.

Pero además de que Estados Unidos deje de privar a Afganistán con apoyos económicos, se espera que el resto de la comunidad siga colaborando con este país, sobre todo China y Pakistán, gobiernos de los que se prevé una cercanía con los insurgentes para fortalecer sus relaciones, siempre y cuando respeten los derechos de los afganos.

Información. Reporte Indigo.

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