Vuelta a las aulas divide a papás; muchos expresan dudas o miedo.

La decisión de llevar o no a sus hijos a la escuela una vez que se dé la reapertura tiene divididos a los padres de familia, luego de que la Secretaría de Educación Pública (SEP) anunció a principios de abril que el regreso a las aulas sería voluntario.

Diversas encuestas realizadas desde entonces indican que, aunque la mayoría de los padres o tutores no están convencidos de llevarlos a los centros educativos antes de que termine este ciclo escolar, otros sí quieren que ya regresen a los salones de clase. También hay quienes están indecisos.

Entre los motivos más frecuentes por los que mamás y papás prefieren esperar están el miedo al contagio y la falta de información. Dicen que prefieren aguantar hasta que estén vacunados para evitar riesgos y, en tanto, ver cómo se comporta la pandemia.

Los que dicen que sí a la vuelta inmediata argumentan la pérdida de aprendizajes que han tenido sus hijos y la necesidad de que vuelvan a socializar cuanto antes. Además, confían en que las escuelas establecerán las medidas necesarias para minimizar los riesgos de contagio por covid-19.

El pasado 22 de abril, en medio del arranque de la vacunación al personal docente en cinco entidades del país con semáforo epidemiológico verde, la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF) dio a conocer que 54% de los padres a nivel nacional no deseaban un regreso a clases presenciales, mientras que 46% sí.

Al explorar la negativa de un poco más de la mitad de los padres, la UNPF encontró que era por miedo a que los propios niños y adolescentes se vieran expuestos al contagio del virus SARS-CoV-2.

Tras el anuncio de la reapertura de centros educativos en la Ciudad de México, este próximo 7 de junio, ya con todos los trabajadores del sector educativo vacunados, la UNPF presentó una actualización de la encuesta, en la que encontró que siete de cada diez integrantes de la comunidad educativa no están de acuerdo con el regreso a clases presenciales antes de que termine el ciclo escolar.

Prácticamente ocho de cada diez personas en desacuerdo, 76.9%, son padres de familia, mientras que 22.5% de los encuestados sí está de acuerdo; 8.3% dijo que tal vez.

En la encuesta #RegresoResponsable, presentada el 24 de mayo, 72.2% de las personas que no está de acuerdo con el retorno expresó que su principal razón es porque no todos se han vacunado. Otras razones es que no tienen información y que las escuelas no tienen condiciones adecuadas.

Otra encuesta dada a conocer ese mismo día por parte de OCCMundial, una bolsa de trabajo online, reveló que seis de cada diez de sus usuarios no enviarán a sus hijos cuando se reactiven las actividades presenciales en la Ciudad México para no arriesgar la salud de los niños y de toda la familia.

Consideran que debe avanzarse al menos en 70% del total de la vacunación de la población mexicana para pensar en enviar a los niños a la escuela.

Por otro lado, 20% dijo que sí enviará a sus hijos a la escuela y otro 20% dijo que aún no lo sabe.

De acuerdo con la SEP, los padres de familia que lleven a sus hijos a las aulas una vez que se dé la reapertura de las escuelas también deben de responsabilizarse de aplicar y respetar las medidas de higiene y prevención, establecidas por las autoridades educativas y de salud.

Quienes decidan no llevar a los estudiantes a clases presenciales, apoyarán a sus hijos y la labor de los maestros, desde casa.

“Ir a la escuela es lo mejor, por su bien”

Braulio va en sexto de primaria, en una escuela de tiempo completo donde lleva 12 talleres. Y para Guadalupe Arellano, su madre, es importante que pueda regresar a clases antes de que concluya el ciclo escolar porque asegura que no es lo mismo estar en línea que tener a sus maestros presencialmente.

Aunque se argumente que ya no tiene caso que vuelva porque ya va a terminar el ciclo escolar, le parece que los maestros pueden utilizar estas últimas semanas que quedan para hacer un buen repaso con los estudiantes, para que puedan ir mejor preparados al siguiente ciclo escolar.

En el caso de Braulio, al siguiente nivel, porque ya se va a la secundaria.

“Él me dice que ya quiere ir a la escuela; será además su última oportunidad de despedirse de sus amiguitos porque, aunque ha mantenido la comunicación por grupos de WhatsApp, no es lo mismo y es muy difícil porque es un año muy importante y creo que ir ahora es lo mejor por su bien”, indica.

En casa ha experimentado frustración, enojo; de repente nos tenemos que poner de cabeza para que él se ponga de buen ánimo porque ha estado triste.

Mi esposo y yo no estamos vacunados porque todavía no entramos en ninguna categoría y estamos conscientes del riesgo, pero también Braulio sabe de las medidas de prevención que debe tomar y confío en que en las escuelas también se llevarán a cabo todos los protocolos.

Mi hijo es un niño de sexto año de primaria y está más al pendiente de sus artículos personales. Sabe que no tiene que estarse quitando el cubrebocas o intercambiando sin querer el bote de agua, así que en ese sentido no tengo preocupación.

Prefiero su bien porque detecto que nos menciona mucho que ya le hace falta aprender, que se le están olvidando algunas cosas, que añora regresar a la escuela.

Se emociona, ya quiere ver a sus maestros, regresar a su plantel. Como cada vez lo ve más cercano, se ríe y brinca.

Dice “ay, qué padre, ya quiero” y está listo para retornar en este ciclo escolar.

“La falta de convivencia se soluciona; la muerte, no”

Santiago Cocoletzi tiene siete años y cursa actualmente segundo de primaria.

A un año dos meses de estar sin ir a las aulas, Santiago está desesperado. Ya quiere regresar. Extraña mucho convivir con sus compañeros, pero definitivamente yo no lo llevaré, narra su madre, Angélica Hernández.

Sé que este aislamiento forzado mi hijo lo vive más, porque no tiene hermanos, le ha afectado mucho.

Antes era súper sociable, ahora tiene miedo de pasar junto a alguien cuando andamos en la calle. Al ponerlo a hablar con sus amigos o abuelos por teléfono o videollamada, llega un momento en que ya no sabe qué decir. Prefiero que pase por esto y en cuanto sea posible llevarlo a terapia sicológica, que todos la necesitamos y más ellos con todo esto, a ponerlo en riesgo y se contagie de covid en la escuela y lo traiga a casa y nos enfermemos todos. Y más en mi caso que soy asmática.

“Sí, le urge ir a la escuela, necesita convivir, pero es algo que va a poder solucionarse. La muerte, ya no”, indica Angélica.

Como papás, hemos platicado mucho con Santi en torno a que no debe quitarse el cubrebocas, ni tocarlo cuando lo tenga en uso. La importancia de lavarse constantemente las manos y no tocarse la cara, etcétera.

Pero siendo honestos, no todos los papás hacen lo mismo. Hay muchos que ni ellos mismos usan cubrebocas y esos niños son con quienes me da miedo que conviva.

Me parece una total tontería que se quieran reabrir las escuelas en junio, cuando los que tenemos pequeños en edad escolar no tenemos para cuando estar vacunados. Y, aun así, son dos dosis las necesarias; aparte, hay que esperar algunas semanas más para que sea verdaderamente efectiva.

En torno a las que ya los van a llevar, quiero pensar que lo harán porque ya regresaron a trabajar y no cuentan con quién se los cuide y no porque se trate de que ya no los soportan. En lo personal, yo preferiría que perdiera el año escolar.

Al inicio de la pandemia hablé con la directora de la escuela y me dijo que sólo habría clases presenciales cuando estuviéramos en verde y aun así, si queríamos esperar a que todos tuviéramos la vacuna, las clases seguirían en línea.

Información. Periódico Excélsior.

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