Myanmar sigue muy lejos de la paz por Golpe de Estado.

Con lágrimas cayendo de su rostro, un hombre en Myanmar de mediana edad sostenía en brazos a su hijo. Ambos iban dentro de un taxi, lugar donde lo único que se escuchaban eran las súplicas de un padre por la muerte de su niño, un menor que perdió la vida en medio de una de las mayores crisis que ha habido en su país.

Ese niño, es sólo uno de los 35 menores que han muerto en Myanmar desde el pasado 1 de febrero, cuando los militares tomaron el poder y comenzaron a enfrentarse con la sociedad civil, con los cientos de birmanos que día a día buscan la paz a través de protestas.

De acuerdo con la UNESCO, 35 niños han muerto y casi mil jóvenes han sido detenidos por las fuerzas de seguridad de Myanmar.

Uno de los mayores conflictos entre ambos bandos se dio el pasado 27 y 28 de marzo, cuando los fallecidos doblaron su número a más de 440, según la Asociación de Asistencia a Presos Políticos de Myanmar, y las autoridades internacionales alzaron la voz por tal agresión.

Así, a través de un comunicado, los gobiernos de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Países Bajos, Japón, Corea del Sur, entre otros, criticaron el uso de la fuerza militar en contra de la sociedad birmana.

Incluso, el gobierno de Joe Biden informó que, debido a la violencia mortal que se había registrado, suspendería el Acuerdo Marco de Comercio e Inversión que su país había sostenido con Myanmar desde 2013.

Asimismo, Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, destacó que el Ejército birmano había hecho de esos días algo de “horror y vergüenza”.

“Reitero la condena de la Unión Europea a la cruel violencia perpetrada contra el pueblo de Myanmar e insto a los líderes militares a que se aparten de este camino sin sentido. Esta tragedia debe terminar”, sentenció.

Al respecto, la maestra Norma Soto, internacionalista y académica de la Universidad La Salle, asegura que aunque los llamados internacionales se dieron evidentemente para frenar la violencia y los asesinatos en el país asiático, es probable que este tipo de situaciones sigan presentándose.

Para ella, ese proceso de estabilización podría tardar lo que dure la comunicación y el diálogo entre todas las partes interesadas en terminar la violencia birmana.

Mientras tanto, una de las personas más perjudicadas será el jefe militar Min Aung Hlaing, pues aunque internamente demuestra que tiene el poder y todo el derecho de ejercerlo, internacionalmente está siendo duramente condenado.

“A nivel internacional está siendo condenado porque se piensa ‘es cierto, tiene todo el poder, pero no tiene que ensañarse con la sociedad civil’, eso no está bien visto ni por los organismos internacionales ni por ningún gobernante, ni en general por la sociedad internacional. Entonces, está quedando mal, no está teniendo un buen rol en el exterior”, agrega Soto.

En ese sentido, la académica recalca que el cambio podría llegar con otro líder o alternativa económica-política, a la cual los birmanos puedan elegir para que les dé la estabilidad que tanto necesita el país.

“Sin embargo, por el momento no hay nadie que surja para que pueda guiar a esta nación; entonces, vamos a seguir viendo estos problemas todavía durante algunos meses”, remarca.

Las vías de escape de Myanmar

Ante la crisis que están viviendo los birmanos, una primera vía de escape para ellos es salir del país y acudir a otro sitio, en donde encuentren menos violencia y represión.

Entre esos lugares está Tailandia, Camboya, Vietnam y Bangladesh, Estados que, aunque no viven una situación como la de Myanmar, sus estatus actuales tampoco son muy positivos, haciendo que los birmanos nada más se replieguen en las fronteras porque no tienen otras alternativas.

Siempre que sucede algo así, cuando en un país hay problemas fuertes, la sociedad suele irse a las fronteras, a buscar asilo, refugio, y en ese sentido los vecinos tienen que estar muy atentos ante esta situación. Camboya, Vietnam, e incluso Bangladesh, deben tomar precauciones porque saben que la población se va a ir hacia allá, Norma Soto Internacionalista de la Universidad La Salle.

Por otra parte, la internacionalista de la Universidad La Salle comparte que otra vía para mejorar la situación es regular las manifestaciones, enfatizar qué derechos tienen tanto los manifestantes como el propio gobierno.

“Necesitarían sacar una ley internacional o un acuerdo, así se evitarían muertes, confrontaciones, daños, agresiones y problemas secundarios a raíz de lo que son las marchas”, asegura.

Finalmente, se espera que para seguir evitando llamados y represalias internacionales, las partes implicadas en los conflictos lleguen a un acuerdo que beneficie a todos y sólo de esa forma puedan observar un país más tranquilo en temas de estabilidad económica, política y social.

Información. Reporte Indigo.

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