Covid lo duerme 18 días, pero vive para contarla.

El sueño Covid lo obligó a dormir 18 días. Jorge Alberto, un hombre de 40 años, estuvo intubado durante más de dos semanas a mediados de 2020. Sobrevivió al coronavirus; sin embargo, su mente y cuerpo no se han podido recuperar del todo.

Las secuelas que le trajo el SARSCoV2 a Jorge Alberto Ascencio Limón, un ingeniero civil de la Ciudad de México que se contagió a finales de mayo de 2020, le han pasado factura a su salud física y emocional luego de estar hospitalizado durante más de cinco semanas en el Centro Médico Nacional La Raza.

Sobrevivir al Covid19, describe Jorge Alberto, “es una experiencia dura. Alguien te lo puede contar, pero no lo dimensionamos hasta que lo vives. Básicamente es volver a nacer, entras de una forma y sales de otra, con secuelas, con la pérdida de familiares. Es un proceso doloroso físicamente para reponerse y ahora emocionalmente también”.

En ese momento de la pandemia en México, mayo cerraba como el mes con más casos de Covid19. Al 31 de mayo de 2020 el país registraba 90 mil 664 contagios y 9 mil 930 defunciones, en el mundo el coronavirus ya había cobrado la vida de más de 372 mil personas. Ocho meses después, durante los primeros días de febrero de 2021, el número de muertes por la pandemia sumaba casi 2.25 millones Cuando lo des intubaron, Jorge Alberto, quien padece diabetes tipo 2, recuerda que era como “estar dentro de otro”. Al despertar del sueño Covid tuvo alucinaciones. Su visión se tornó morada y blanca. Le costaba trabajo concentrarse, incluso llegó a olvidar algunas palabras. Fue como volver a nacer, literalmente, porque, dice, no podía hablar, caminar, valerse por sí mismo: “Salí del sueño sin fuerzas, sin energía para levantarme”, narra.

Para recuperar la voz, un doctor le recomendó cantar: “Un día en la regadera lo intenté y me salió la voz”, señala.

Al momento que el ingeniero civil entró al hospital pesaba cerca de 90 kilogramos, cuando salió, cinco semanas después, tenía un peso de menos de 60 kilos. Explica que en ese momento no podía soportar su peso: “Mis músculos estaban mal, fue difícil recuperarlos. No podía hacer ejercicio, también me faltaba el aire, no podía respirar bien”, relata.

Una radiografía reveló que uno de sus pulmones tenía daños. La audición de un oído disminuyó. El oxígeno, dice, le afectó la visión de un ojo. Su capacidad pulmonar seguía reducida. Todavía tenía dificultades para caminar, aunque señala que lo más complicado ha sido asimilar la muerte de su padre.

Padece secuelas

A cinco meses de su salida del hospital, Jorge Alberto cuenta que todavía no recupera toda su movilidad: “No camino bien”. Recuerda que a finales de junio ni siquiera podía sostener su cuerpo, luego de perder 30 kilos durante las cinco semanas que estuvo en cama.

“En el Seguro Social me dieron de alta el 4 de noviembre [casi cuatro meses después de haber estado hospitalizado]. Fui caminando por mi propio pie, ya sin oxígeno. Sólo tuve una visita de la doctora en todo este tiempo, en agosto”. Toda su recuperación la ha tenido que hacer con particulares.

Hasta ese momento, el lado izquierdo de su cuerpo no se había recuperado del todo. Sobre su capacidad pulmonar le dijeron que sus pulmones no se estaban inflando como deberían: “Me sacaron una tomografía y tengo cicatrices en el pulmón derecho. Tengo que hacer ejercicios específicos para tratar de recuperarme, pero antes tengo que ir con el cardiólogo para una evaluación. Después, me darán tratamiento”, explica.

Jorge Alberto detalla que al momento de despertar luego de ser intubado, se le olvidaron algunas palabras: “Estás hablando y quieres decir una palabra, la conoces, pero no te acuerdas. Al principio no podía sumar, no me concentraba”, comenta.

Ahora, asegura, ese problema ya casi desapareció, aunque reconoce que de vez en cuando sigue sin recordar algunas palabras: “Te afecta un poco la concentración. No sé a qué se deba, si al medicamento o sea una de las secuelas que deja el Covid, veía que dejaba algunas lagunas mentales.

“Te da miedo la noche. Dormir boca abajo me asustaba, aunque antes solía acostarme en esa posición, ahora sentía que no iba a respirar. Es luchar contra tu mente, decir: ‘Tranquilo, no va a pasar nada’. Si no te impones, ese miedo te puede dominar”.

Otra secuela que Jorge Alberto atribuye al Covid es el aumento de su neuropatía diabética: “Se despertó y se agravó, no tenía tanta neuropatía. Me duele el pie, tengo que estar tomando medicamento que da sueño, sólo lo consumo en la noche. Llega un momento en el día que ya no puedo, me dan piquetes en las manos y pies. Eso también lo dejó más fuerte el Covid”, señala.

El ingeniero civil se toma un momento y hace una reflexión: “Cuando ves el final, es realmente cuando valoras muchas cosas. Es como renacer, vuelves a aprender a caminar, a hablar, a comer. Todo te causa una sensación de alegría, como un bebé, porque es como si lo hicieras por primera vez y eso te hace valorar la vida”.

Para rehabilitarse tuvo que hacer crucigramas y colorear: “Me ponían a que leyera. Me recomendaron que hiciera cálculos matemáticos básicos. Coloreaba para ver mi sincronía. También frente al espejo tocaba mi nariz con las manos, esto para que comenzará a coordinar mi movimientos, porque sí te cuesta la derecha, izquierda, como cuando uno es niño. Con un doctor particular he tenido rehabilitación física y mental. Luego de varios meses, por fin voy a tener mi cita para mi rehabilitación” en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Duro despertar

La última vez que Jorge Alberto habló con su padre fue mientras esperaban la ambulancia, los dos estaban contagiados de Covid.

Se prometieron echarle ganas y salir adelante, pero sólo uno de ellos lograba regresar a casa: “Te haces el duro para que no te vean destrozado”, dice.

Luego de una larga espera, Jorge Alberto no soportó: “No querían recibirnos. Me costaba meter aire. Yo sentí que me asfixiaba. Me siento mal, hagan lo que tengan que hacer”, pidió a los médicos. Lo intubaron.

De las últimas cosas que recuerda fue ver a su padre sentado. En el sueño Covid, Jorge pudo escucharlo: “Alberto, hijo, dónde estás”, y él le gritaba: “¡Aquí estoy! Veía cosas, no sé si fue delirio”.

Tras 18 días, “cuando me desintubaron, mi papá falleció. Yo comencé a salir y él comenzó a perder”. Un mes después, Alberto, como prefería llamarlo su padre, se enteró de su muer-te. Buscaba saber qué sucedió: “Es difícil asimilarlo cuando sólo ves a tu familiar en una cajita. Recordar duele, es algo que está ahí guardado”, dice y le salen lágrimas.

“Las secuelas físicas las voy a superar, pero las otras tomarán más tiempo”, asegura el ingeniero, que hoy va retomando su vida diaria luego de un sueño forzado que duró 18 días.

Información. Periódico Correo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s